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Archivo de la categoría: España y olé

Ese, el de la foto, soy yo

He encontrado casualmente este vídeo y todos los recuerdos han vuelto de golpe. Recuperarlo es un verdadero regalo puesto que la película es inédita en España.

Describe una parte de la gestación de un reportaje sobre la memoria de la guerra civil junto a Amadeo Gracia, una de sus víctimas, una historia con la que se entusiasmó tanto como yo la realizadora alemana Cuini Amelio Ortiz, que se vino hasta Madrid e incluso viajó hasta la frontera francesa para ser testigo de su desarrollo. Visto ahora, varios años después, sólo puedo concluir que ha sido uno de los trabajos más importantes de mi vida. Porque ante mis ojos desfiló toda la miseria de aquella época de guerra y posguerra; la fortaleza de los que sufrieron el conflicto y la represión franquista posterior; la entereza de los que nunca pudieron olvidar lo vivido pero, aún así, perdonaron para permitir la convivencia democrática y confiaron en una reparación que nunca llegó; la determinación de los que la recuerdan a los familiares perdidos e intentan aún hoy que se haga justicia ante la indiferencia de tantos…

Escribir aquello cambió mi perspectiva sobre el pasado, me enriqueció como periodista y me hizo activista confesa y ya para siempre de una causa, la recuperación y reparación de la memoria histórica, que considero no debe ser abandonada, puesto que siempre ha sido ninguneada o menospreciada por muchos sectores interesados.

Todo el peso de lo que sucedió y representó la guerra civil y sus consecuencias para distintas generaciones pasaron ante mí mientras compartía mi tiempo con Amadeo y su familia y seguía su vida.

Su historia se publicó en El País Semanal en dos reportajes. El primero titulado igual que este vídeo, Ese, el de la foto soy yo. Y el segundo, Regreso al exilio (con el fotógrafo Alfredo Cáliz), un tiempo después, donde desvelamos gran parte de lo que la fotografía del título significaba.

Desde entonces mi interés por lo sucedido en ese periodo no ha parado de crecer, tal como se ve en otros dos textos ya más recientes: La memoria de la tierra (con las imágenes de Sofía Moro) y hace nada en Desvelados, el resumén gráfico de Clemente Bernard sobre la exhumación de algunos de los más de cien mil desaparecidos que sigue habiendo en España.

Hace unos días escribí un breve comentario titulado La primera carta de Derechos Humanos nació en Malí (en el blog sobre África de El País). En él hablaba de la Carta de Mandén, promulgada en el siglo XIII por el monarca Sundjata Keita, fundador del imperio de Malí, para garantizar la paz y la convivencia entre los ciudadanos de su reino. La carta, con siete encabezados, simples y definitivos, incluía uno que decía: “El daño requiere reparación”.

Algo que sabe todo el mundo, que intenta hacer cualquier país por deprimido o conflictivo o inmaduro que haya sido o sea (véase Camboya). Salvo en España, me temo.

Carretera y… tabla

A todos los locos de los viajes y los deportes les pasará. Apetecible. Esta es la palabra mínima. O quizá sea nostalgia: “como para no echar de menos cualquier tiempo aventurero”, se dirán. Tiempo y carretera por delante… Un sueño. Y una oportunidad. Estas siete chicas cogieron sus tablas, una furgoneta roja, 15 días, 4300 kilómetros… El director Juan Rayos grabó e invirtió meses de trabajo posterior para editar lo vivido…  Y aquí esta: convertido en una película de cuatro capítulos, que se estrenará en noviembre. Documenta la travesía por España, retrata a las protagonistas y derrocha pasión por la modalidad en tabla, el longboard.

Se acaba de presentar el primer capítulo (debajo). Jacky, Valeria, Carlota y Gador reciben en Madrid a Maitane, que viene del País Vasco, a Marisa, de Miami y a Amanda, de Massachusetts. Juntas emprenden el viaje recorriendo 600 kilómetros hasta el Parque Natural del Cabo de Gata en Almería: “Parajes únicos de origen volcánico, un mar azul que rompe contra el tortuoso perfil del litoral levantino, el sol implacable de agosto y las carreteras secundarias que conducen a las pequeñas calas y pueblos de la costa mediterránea”. Cómo entre el asfalto de Madrid mismo, vaya.

Retrato del poder

"Ja, ja, ja, me he comido al canario"

Romanos, árabes, Don Quijote… y nosotros

Eso somos los españoles: pura mezcla. Ben estuvo apenas cinco días en España. La central y castellana (toda ella). “Una región llena de historia y cultura”, dice. Muchos pueblos dejaron aquí su huella. “Aquí es donde Don Quijote luchó contra los molinos”. El hogar de El Greco, Diego de Velazquez y Francisco de Goya”. Y sí, visto así, es fascinante. Lástima que ni los monumentos, ni los paisajes, ni ese cielo increíble que la cubre cada día lo sean todo… Zona milenaria. Austera. Y dura. Por razones varias. A Ben le encantó. Y eso que le falta aún por conocer mucho torreón, mucho foso de fieras, mucho castillo. Música: John OO Fleming, The Dewberry Tree. Cámara usada: Nikon D90, Sigma 10-20, DIY Dolly

Reunión de empresa

CARTAS DE MARIE (5)

Querida Lola:

Yo viajo mucho por culpa de lo mío, ya sabes. Y ayer iba yo en el avión repasando mentalmente mis proyectos de vida en el momento justo del aterrizaje en Madrid cuando, antes siquiera de rozar el suelo, un hombre en el asiento de atrás ya estaba hablando por el móvil al estilo latino. Es decir, voz lanzada hacia el infinito y más allá, como manda Dios, sin importar la presencia de otros; con el efecto que yo llamaría ‘movilkilling’, pues una siente el impulso irrefrenable de volverse y, como mínimo, hacérselo tragar. Bien… me autocontrolo, me limito a los hechos. Frases de entrada: “¿Qué pasa tío? Que ya he aterrizado. Y no veas cómo lo hemos pasado; estaba allí la empresa en pleno y yo con el jefe español, ese gordito que te presenté un día, lo he pasao en grande, qué marcha; hasta las seis de la mañana cada día, los dos juntos, intimando; pero que juerga, tío; que hacia a todo y allí estaba él, tocándole el culo y las tetas a las bailarinas, como uno más…”.  Yo entré en shock. Y él no, pues seguía: “Y me he pasao la semana pegao a mi compañera, 24 horas al día; nos hemos conocio más que en meses, ya te concretaré… Sí, estaba también el jefe alemán, un deportista nato, me pagó un curso de surfeo en la playa que costaba 180 euros, así, como un señor; que lo que él quería es que la gente disfrutara y vaya si disfrutamos, tío; pero espera que llegue y ya te contaré detalles…”.

No hizo falta esperar. Sin más, él continuó dándolos, dejando al peaje entero en vilo y a mí, por cercanía, con el pulso acelerado de tanto asimilar experiencias ajenas al vuelo (que de eso se nutre la telefonía), mientras nos posábamos en el suelo, recorríamos la pista, atracábamos… etcétera. Otro trayecto ida y vuelta podríamos haber realizado y ahí estaría nuestro hombre aún hoy pegado al aparato, enumerando escenas de juerga colectiva. Y yo visual como soy, visualizaba mucho. Aún sin verle la cara, imaginaba su cuerpo y modales. Su ideología. Y hasta a sus parientes cercanos, yo diría. Un completo. Hombre maduro. Reunión de empresa. Premio por servicios prestados. Una firma que va bien a pesar de la crisis y regala detallazo al personal. ¿Pero aún existe eso, tú? Viaje a sitio exótico todo incluido y juntos para hacer unión y fuerza y beneficios luego… ¿Pero aún se cree tal cosa? ¿Sigue vigente la terapia ejercicios espirituales donde todos rezamos unidos convencidos de la bondad de nuestros objetivos trimestrales? ¿Los acuerdos firmados ante un buen chuletón? ¿La puta que ayuda a robar contratos a la competencia?

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Artistas ‘made in Berlin’

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 Miren estas fotos. Son todos artistas españoles. Sonia Mackay, Marina Bollaín, Misslata, Goyo Montero, Chema Alvargonzález y Marcos Giralt… Todos formados durante un tiempo más o menos largo en la capital alemana. Un tiempo que no era éste que corre ahora (ha transcurrido casi una década desde que se tomaron las fotos), en el que las calles berlinesas se han poblado de tantos turistas que sobrepasan ya el número de habitantes (3,5 millones), y un cocktail de seres licenciados de otros mundos en busca de oportunidades, y otros seres ambulantes variopintos… No. Entonces, años ochenta en adelante, la época en que muchos de ellos aterrizaron por allí, Berlín era como eso que se dice de Sevilla, una pura maravilla. Especialmente para todo aquel que buscara estudios en plural (de lo que fuera, especialmente de arte o de teatro) o estudio en singular: un espacio donde desparramar los lienzos, las telas o pinturas, la ropa y las maletas…; donde desparramarse a sí mismo/a o correr de esquina a esquina para ejercitar el arte de mover las piernas, donde perderse en la rueda constante de actos culturales, alternativos, educativos…

Un mundo aparte.

Reinaba ese ambiente de “dejemos hacer, dejémonos hacer”, una conciencia crítica, social, ecologista y política que pasmaba al extranjero del Sur acostumbrado más bien al silencio y la sumisión aprendidos en dictadura. Ese ciclón de actividades y relaciones personales, esa humareda (real y política y mental) que todo lo aderezaba pero a nadie le importaba; el mucho sexo y la mucha música (rock, sonido industrial, tecno…), y el todo vale en la vestimenta…. La pena por lo del muro que, no nos engañemos, era un negocio bien atractivo, un tirón para propios y extraños, que daba para pintadas con arte, torres desde las que asomarse hacia ese horrible mundo comunista del Telón de Acero, ay, escenario de películas y películas mismas que lo convertían en protagonista. Un mundo particular. Encerrado. Y bien libre.

Todo eso era posible. Como son posibles hoy otras opciones igual de atractivas y válidas (no me malinterpreten), aunque la ciudad sea ya otra bien distinta. Porque en aquel Berlín capitalista, herido, privilegiado y dividido, no se sabía (porque no se podía y ¿a quién en la RFA le interesaba mudarse hasta allí, territorio enjaulado, sino era a cuatro colgados?) lo que era la especulación del suelo al estilo crisis del siglo XXI (no en ese modo, al menos; el tema de la propiedad siempre ha estado y está más mitigado en Alemania). Quien quería sitio, abría una puerta y lo ocupaba…. Cientos de edificios quedaron vacíos tras la Segunda Guerra Mundial. Y luego uno/a se quedaba o no, creaba o no, crecía o no. O bien hacía las maletas y se marchaba. Con la experiencia a cuestas y el nombre de Berlín incrustrado en la frente cual escudo. A mí se me ha quedado para siempre, como un tatuaje pegado a la piel en sitio que no nombro. Igual que a todo el que allí ha estado largo tiempo.

Todos los que aparecen en estas imágenes se beneficiaron de la ciudad, la exprimieron (con una beca, una carrera, un escenario, una galería…). Y Berlín se sirvió de ellas para cocinar su menú/escena de creatividad internacional particular con ese sabor a dureza, independencia y radicalidad, que siempre (hasta ahora que la gentrificación y el turismo empiezan a hacer estragos) la caracterizó. Una ciudad única. No apunto aún aquí las actividades de Sonia, Marina, Goyo… Está contado en el artículo publicado en El País Semanal el (ver en los pdf el berlinespañol1, elberlinespañol3, elberlinespañol4, elberlinespañol5, elberlinespañol6). Su trayectoria la contaré en post futuros. Sólo destaco aquí el nombre del autor de las imágenes, Attila Hartwig, turcoalemán, divino él y divino todo lo que toca.

Y un enlace interesante llamado Arte Informado, con información sobre otros artista en Berlín hoy

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