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¿Quieres saber cómo se prepara una deliciosa sopa de aleta de tiburón? Aquí el afamado y borde chef escocés Gordon Ramsay te lo enseña.
Basta contemplar este vídeo de 15 minutos en el que cuenta (puesto que él es multiformato) su aparente ‘primera vez’ con la sopa en cuestión y aprenderás para siempre jamás la receta. Si no entiendes inglés, no importa. Las imágenes bastan (en Costa Rica le rociaron con gasolina y todo, tal fue su celo cocinero), ¡las recordarás todas cuando estés chupando con gusto la cuchara! Ah, y no te apures, el ingrediente principal se vende en todo el mundo (aún allí donde es ilegal), en cualquier esquina o restaurante asiático cercano a casa. Simplemente, tú pide, y se te dará. ¿Quizá también en alguno de los (ya 11) restaurantes londinenses de Ramsay? Habrá que ir a comprobarlo, aunque si se entera de esto lo mismo me tira una silla en la cara al poner un pie dentro. En cualquier caso, para elaboración complementaria y otros ‘toques personales’ basta ojear Treehugger o Planetgreen ou Oceana, o ver el documental Sharkwater, por ejemplo; hay mucho dato y mucho lugar donde informarse sobre esta ‘delicatessen’ tan apreciada (y de propiedades cuasimísticas para algunos) que se consigue con esfuerzo, no crean, tiburón a tiburón, hasta conseguir acabar ya con el 90% del terrible depredador en los mares de este mundo. Un alivio. ¡Así Spielberg tendrá que buscarse otro bichito, pero esta vez de ciencia ficción, para meternos miedo!
Huellas de nuestro paso por el mundo. Fotografías tomadas en un cementerio de coches estadounidense que nos cede The Artist Makena.


Sus vídeos abundan en la Red y hace nada se ha editado su libro en castellano (Fondo de Cultura Económica): La historia de las cosas. De cómo nuestra obsesión por las cosas está destruyendo el planeta, nuestras comunidades y nuestra salud. Y una visión del cambio.
Una biblia para entender los mecanismos de producción, consumo y desecho de cada objeto que uno tenga a mano en este momento. ¿De dónde procede este ordenador con el que escribo? ¿Quién lo hizo? ¿Con qué materiales? ¿Cuánto se pagó a la persona que lo fabricó? ¿Cómo vive esa persona, en qué condiciones, puede mantener a sus hijos, quién se lleva el mayor beneficio de todo esto? El por qué de las cosas y otros asuntos fundamentales en los que poco o nada pensamos. Después de escucharla, verla o leerla los objetos, los productos, dejan de ser cosas insignificantes, desechables, inanimadas: adquieren significado, valor, cada uno con su propia historia.
Al reservar mesa en un restaurante caro de Madrid, el camarero apunta: “Aquí servimos el agua en jarra”. Ah, bien. ¿Y cual es el problema? “Bueno, muchos clientes creen que la del grifo es… de pobres”. Ah, he ahí un dato sociológico para entender el boom del consumo de agua embotellada en España que ha aumentado un 67% en la última década. ¿Es que el agua de Madrid, o de España en general, es mala? ¿O estamos ante otra moda exótica y chic propia de tiempos de potentados?
Así empezaba el texto de la sección Vida y Artes de El País un día de julio del año pasado. Generó medio millar de comentarios de los lectores en los que unos y otros, apasionadamente, y valorando mucho lo local, trataban los grandes problemas en relación al agua: suministro, sabor, calidades, gestión, costumbres; la lucha a veces encarnizada entre regiones, zonas, ríos. El agua su calidad, su consumo, su desperdicio… Interesa siempre, e interesa mucho. El agua es vida. Un elemento cotidiano más en un lado del mundo; fundamental para la supervivencia, en otro.