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El trasero como gancho
He aquí un modo común y corriente de hacer todo tipo de promoción turística, comercial y/o personal (que las engloba a todas). Enseñar palmito espectacular y convertir un objeto o lugar en deseado y cool ipso facto es todo uno. Así, cualquier mortal sabe que chicas y chicos esculturales dan brillo y esplendor en un momento dado a las playas, restaurantes, discotecas, museos y hasta ciudades monumentales, ampliando lo sociocultural hasta el infinito (de lo sexual) y más allá. Un buen gancho el cuerpo. Y de todo él, el culo no tiene igual. Por esta y otras razones, los de la marca surfera Reef, que se dedican al gremio desde hace un cuarto de siglo, y algo saben del tirón de la anatomía (con o apenas sin bikini o bañador), de playas exóticas, olas revoltosas e imaginación y emoción del que contempla venir la ola, se han hecho desde 2010 un hueco en el apartado calendarios eróticos de este mundo (allí donde el de Pirelli ocupa el trono en todos los sentidos y sin discusión: en el próximo, ya en capilla, Kate Moss aparece en cueros). Un género ya de la fotografía palmito-testimonial. El proyecto del Calendario Miss Reef, durará cinco años, con rodajes en cinco países de América Latina. Llevan ya tres. El primero se dedicó al Norte de Brasil. Y este que cuelgo abajo fue el vídeo promocional del 2011 que corre, que tiene como escenario un Panamá muy resbaladizo y carnal.
El adelanto del 2012 se acaba de presentar en vídeo (arriba) bajo el mismo esquema: chicas de cuerpo y, sobre todo, culo perfecto, paisajes limpios y exóticos, mucha agua, mucho tejido natural, mucha sugerencia, ambiente gustoso y… ganas de volar hasta allí para comprobar en vivo y en directo que eso que se ve es la pura verdad… (que va a ser que no, ya lo sabemos… pero ¡qué mas da!). La modelo peruana Vanessa Tello es protagonista (la misma que abrió línea de lencería en agosto bajo la marca Ser al grito de: “Me siento sensual e inocente a la vez”) junto a Betzaida Herrera (Miss Reef Hawaiian 2010), la norteamericana Michal Pierce (Miss Reef ECSC 2010) y la puertorriqueña Cristal. Todas ellas han grabado esta vez en Puerto Rico, fotografiadas por Nicholas Routzen y Emiliano Gatica, en una producción de Ryan Moss (experto en películas de surf, aunque las tablas aquí, o no las vemos o no las recordamos). Las localizaciones paradisíacas son excusa perfecta (paisajes de Isabela, Aguadilla, Rincón, Isla Palomino, playa Flamenco, en Culebra; el salto de la Leche, en San Sebastián o las cuevas de La Ventana, en Arecibo, entre otros…) para mostrar el trasero destacable de estas mujeres latinas que, como se ve, están encantadas de haberse conocido (y no disimulemos, nosotros también a ellas, ya sea por envidia o por deseo). Un total de 52 páginas conforman este calendario 2012. Los escenarios (y lo demás) para los dos próximos años se andan buscando ya.
Caídos el 11/9/01
Un instante apenas. El quiebro del espacio y el tiempo. La gran decisión (la última) de sus vidas. La desesperación, el horror, el impacto. Caídos sin querer de una nueva guerra. Un ataque directo al corazón. Nueva York hace diez años ahora. Miles de vidas y tantos efectos colaterales… Tantos recuerdos. Como los de la escritora Amalie Flynn que vivía junto a la torres y ha creado un blog para aventarlos durante un año en verso. El día uno escribe: “I was there on 9/11 On 9/11 I was there”. El día 360: “Because that was the question,/ In the days that followed, as I/ Walked around that city, seeing/ The signs posted everywhere,/ With pictures of smiling faces,/ Of the people lost, lost in the rubble,/ Covered by metal and dust and other/ Bodies, the question of whether or not/ They were still alive·.
O las imágenes icónicas del fotógrafo de AP Richard Drew (9:41:15 de la mañana del 11 de septiembre de 2001) y David Surowiecki. Patrimonio ya y metáfora siempre de este mundo.
La luz del Ártico
De nuevo Terje Sorgjerd, que ahora firma siempre semioculto en TSO Photography. Este vídeo tiene, una vez más, su sello y la calidad acostumbrada. Fue filmado entre el 29 de abril y el 10 de mayo pasados, en el archipiélago Lofoten, en Noruega. Y asegura que allí se produce un fenómeno que a él le fascina por encima de cualquier otro y para el que no ha encontrado nombre. Ni él, ni los expertos consultados. Luz del Ártico. Y basta. “Ocurre dos o cuatro semanas antes del sol de medianoche. El ocaso y la aurora se conectan de forma maravillosa, en un show de colores que dura hora y horas”, dice. Mirando una y otra vez estas imágenes, instalados como estamos en este agosto tórrido, desde todo punto de vista, se entra en trance. Lo juro. El agua, el hielo, el cielo…. esas tonalidades, la velocidad del tiempo que transcurre… Y esa casita que aparece solitaria un instante… Esa casita es inquietante.
Erotismo a la rusa
Para Olga Rodionova, posar es una adicción. Elige a los mejores fotógrafos, su marido paga, y ella se pone en sus manos. Ya la han retratado Newton, Lindbergh, LaChapelle…En esta ocasión era el turno de Bettina Rheims, fotógrafa exquisita y maestra de lo erótico. El resultado: un libro entero luciendo palmito. De la editorial Taschen (en donde cuelgan las fotografías de abajo), para más señas, que se ofreció encantada a publicar tal encargo. Mujer de millonario ruso con fantasías. Y Olga, las tienes, sin duda; pero sobre todo, las representa de maravilla delante de una cámara.
He aquí parte del artículo que publicamos en El País Semanal en septiembre de 2008.
El libro de Olga
“Pregunta vía e-mail a Olga Rodionova, de 34 años, casada con potentado ruso, madre de hija adolescente, directora de la boutique de Vivianne Westwood en pleno centro de Moscú, actriz, presentadora de televisión y modelo de las que prefieren batirse a cuerpo desnudo: “¿Cuál es la diferencia entre lo erótico y lo pornográfico?”. Respuesta: “El amor”. El mundo, en verdad, tiene dos lados: el de los que miran (voyeurs) y el de los que son mirados, el de los que se ocultan y el de los que se lucen y exhiben. Y éstos pueden ser tan adictos a mostrarse como los primeros a que les muestren. Esta moscovita pertenece más al segundo. Sufre, desde siempre, un deseo impenitente por lucir palmito. Porque lo tiene. Y porque le apasiona provocar, posar, ser contemplada. Tanto, que lo ha convertido en profesión. Pero no de cualquier modo. No. Su mal incluye atraer hacia sí las más grandes miradas: las de los mejores fotógrafos del mundo. Con afán los ha perseguido hasta convencerles de lo lustroso de su cuerpo eslavo. Y lo ha conseguido: hay imágenes de Rodionova pululando por ahí, desnuda o cubierta, firmadas por Helmut Newton, Peter Lindbergh, LaChapelle, Clive Arrowsmith…
Pero, como en toda dependencia, nunca mucho es bastante. Y ahora, después de tantos ojos masculinos sobre sí, los elegidos por Rodionova son femeninos: los de la fotógrafa Bettina Rheims (París, 1952). “Quería entregarme a alguien del mismo género”, dice. Y no lo ha hecho sólo para un par de fotos, sino para un libro gozoso y completo (El libro de Olga, editado por Taschen), cuya elaboración ha pagado su propio marido con tal de verla como a ella -siempre activa, transformista, cosmopolita y tozuda- le gusta verse. “Siempre preguntan que qué dice mi esposo, que si no tiene pudor de dejarme ver de este modo. ¿Pero de qué modo? Dios nos creó desnudos, sin vestido ni adorno. Y qué va a decir: pues nada. Que cuando tenga 90 años y vea estas fotos me encantará ver lo guapa que era”. Con su apostura y la cámara de esa maestra del erotismo que es la Rheims, basta hojear el volumen para quedar atrapado en el primer lado del mundo: el del mirón.
“Estoy completamente satisfecha con el trabajo de Bettina”, señala Rodionova. Porque en la francesa vio a la artista moderna y sin ataduras que necesitaba -”trata lo erótico con un discurso distinto”-, porque siempre sugiere más que muestra, porque en ella lo cubierto incluso parece desnudo de tan sutil, cercano, íntimo… No en vano ha retratado a cientos de mujeres para… otras mujeres. Pieles, cuerpos, miradas, posturas; la ficción y la realidad bien engarzadas; mirona sin serlo, cómplice, nada masculina. “Y trabaja ese género que ella llama broken glamour, y que a mí me encanta”.
Así, si este libro no fuera gráfico, sino literario, y hubiera que contar la trama, habría que obviar lo obvio: la sucesión del centenar de imágenes cuidadísimas de una mujer hermosa en posturas más o menos sexys, vestida y maquillada en tres caracterizaciones (es pin-up, juega a juegos sadomasoquistas en blanco y negro, se engalana al estilo de María Antonieta), y pasar a lo que importa, el detalle, la escenografía, la construcción de un mundo.
Aquí hay poses, gestos, miradas bajas y provocativas, ojos entornados, inclinación de cabeza y hombros, postura y apertura de piernas, el zapato de tacón que se apoya donde debe, el culo sobre el brazo del sillón, el consolador apenas sostenido en la mano, el cabello recogido o enredado, el cuerpo embadurnado de harina o tinta, los abrazos masculinos, las bocas abiertas; mucha peluca, cincha, correa, gasa, pieles, columpios, camas; el maquillaje en blanco, negro o rojo; el cigarro en la boca; el tatuaje en el bajo vientre, y el piercing llave, un poco más abajo, allá donde hay puerta.
Cada obra de la inclasificable Rheims es aquí pieza única…”.
Fotografía: página de Taschen sobre el libro y enlace a otras publicaciones de la autora en la misma editorial.










