Un, dos, tres…. recibo las cartas de Marie -colega siempre de más edad que cualquiera, amiga, alterego, compañera de fatigas, testigo de juegos, de estudios, de viajes, de largas noches y muchas correrías- a oleadas, a ratos, a saltos, según sus ganas, su tiempo libre, el lugar en que se encuentre. En ellas habla (a veces con rigor, a veces con ligereza, depende del día) de actualidad y vida, de problemas cotidianas, de política y mecánica, de cuerpos y mentes, de filosofía y ciencia, de lo divino y lo humano… Asuntos de intercambio entre ambas y otros suyos, propios, que se le ocurren de pronto, se cruzan en su camino, los sueña, o los lleva meditando largo tiempo…
Ejercicio cotidiano de observación y análisis de la realidad y la ficción; lo cercano y lejano, las palabras de MARIE desmenuzan detalles, vivencias, recuerdos y paisajes de un mundo agotado, que parece escaparse a la deriva; habla de la grandeza o no del que se construye ahora a duras penas, muy energético y confuso, acelerado; opina sobre el futuro posible que nos espera. Sus cartas muestran similitudes y diferencias entre generaciones, entre comunidades, países, personas, temas, preocupaciones, pasiones y problemas. Y lo hace siempre crítica, divertida y respetuosa. Siempre directa (porque no tiene tiempo ya, dice, para tonterías). Siempre tierna.



